
Encarnaciones del demonio
Funny Games: La representación de la violencia, una década después
Funny Games: La representación de la violencia, una década después
X Cynthia Sabat
En el cine, remakes hubo siempre. Una versión puramente comercial de la remake fue furor a principios de milenio, cuando comenzaron a brotar por todas partes las copias restauradas, los director´s cut y los homenajes, un montón de triquiñuelas marketineras con la intención de oxigenar la alicaída producción de ideas originales. Cada remake tiene un vínculo único con su original, que es siempre fantasmagórico. Un caso especial dentro de ese universo de las remakes es el de Funny Games, la película del alemán Michael Haneke estrenada en 1997, y de Funny Games US del mismo director, estrenada exactamente una década después.
La naturaleza de Funny Games (que en la Argentina se llamó Horas de terror) es tan perturbadora, que muchos suelen compararla con films que están en las antípodas, o simplemente caen en el error de definirla como “una película de psicópatas”. Lo cierto es que se trata de un verdadero ensayo sobre la violencia disfrazado de thriller, con explosiones de sangre y perversión casi intolerables, y momentos que pueden llevar al espectador a un estado de confusión extremo. Funny Games comienza cuando una familia llega a su lujosa casa de campo para pasar unos días, y dos jóvenes de modales refinados y atildados irrumpen en su cotidianeidad para someterlos a sus más siniestras pulsiones, sin motivo aparente. En medio de sonrisas, miradas cómplices y una torpeza que perturba, Peter y Paul informan a la familia: “Ustedes morirán antes de que amanezca, eso es seguro, pero la forma de morir depende de ustedes”. En efecto, cumplen lo que prometen, y el final nos hace suponer que repetirán la performance de terror con otra familia. Al llegar a la casa, habían dejado su tendal a pocos metros de distancia.

Lo que diferencia a Funny Games de las otras películas violentas, es su reflexión sobre la representación de la violencia y la responsabilidad del espectador frente al cine que la entroniza. Michael Haneke es un gran moralista. En sus películas el espectador es el protagonista de la historia: no hay forma de no entrar en su juego. En Funny Games, la aparente gratuidad de la violencia, y la complicidad que los dos personajes siniestros establecen con el espectador, son la clave. Peter y Paul, o Tom y Jerry, o Beavis and Butthead (se van cambiando ellos mismos los nombres a lo largo de la película), lanzan miradas cómplices y guiños al espectador, forzándolo a identificarse con el rol de un torturador. En una escena memorable, la mujer de la familia logra tomar un rifle y matar a uno de ellos, pero inmediatamente el otro busca un control remoto, rebobina la escena y logra cambiar el rumbo de la historia.
Sin final feliz, sin explicaciones tranquilizadoras ni redenciones posibles, el cine de Michael Haneke se ha adelantado siempre a su época, demostrando que tiene la virtud de tomarle el pulso a la realidad y plasmarlo en films formalmente sobrios de una solidez conceptual abrumadora.
El genial director que acaba de ganar la Palma de Oro en Cannes por su film The White Ribbon, habló hace años de una posible remake de Funny Games y fue categórico. Expresó que jamás dejaría que otro director la dirigiera, porque temía que cayera en manos de alguien que le cambiara el signo a su violencia. Así fue como en 2007, una década más tarde (y con todas sus inquietudes finiseculares confirmadas en relación a la dupla imagen-violencia), Haneke dirigió Funny Games US nada menos que en Hollywood, usina de cine violento si las hay. Convocó a Naomi Watts, Tim Roth, y Michael Pitt entre otros, y reconstruyó con precisión obsesiva (¿germánica?) los decorados, la puesta en escena y de cámaras. El resultado, hay que decirlo, es levemente menos perturbador que el del original, en parte porque Funny Games fue filmada en Austria, con actores austríacos y alemanes, y eso la enrarece y la vuelve severa y misteriosa. Tenemos con Hollywood y sus actores una relación de afinidad; sin embargo Naomi Watts y Tim Roth cumplen en su papel, y Michael Pitt le agrega un plus de cinismo muy interesante a su “villano”. Haneke lo hizo: se metió en el “eje del mal” para correr a la violencia del lugar del entretenimiento y plantear la necesidad de revisar su representación en el cine. No es raro que la taquilla de Funny Games US no haya sido la esperada.
Nota publicada en la revista online Fonoscopio Nº7 - agosto 2009 www.fonoscopio.com.ar
1 comentarios:
Recuerdo la original. ¡Tremenda!
También vi esta. Tiene un sólo defecto: no me gustan las remakes que calcan plano por plano a la versión anterior.
M
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